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Esperar en un mundo que no trasciende de una puerta de mierda

domingo, 2 de agosto de 2026

Noche de verano del 2026

 Tres de Agosto de 2026, 00:16h

En busca de un último capítulo antes de irme a dormir, descubro que conservo la barra de favoritos de hace más de 10 años en mi explorador y, sin apenas darme cuenta, acabo zambullida en el abismo de la nostalgia.

Blogs de amistades que se han quedado en el recuerdo. Páginas de tiendas que probablemente estén clausuradas. Artículos de recetas, crafts y páginas de anime clandestinas. Artículos de Derecho y de Economía, fuentes de trabajos que descansan archivados en la casa de mis padres. Es así como, de repente, ya no eres estudiante, ni adolescente ni una pobre alma en busca de consuelo. Es así como, de nuevo, te encuentras con este viejo blog manchado de rencor y melancolía visto por los ojos de una persona adulta, normal y corriente, estándar se mire por donde se mire.

Las aspas del ventilador giran silenciosas, moviendo el aire tórrido de la planta de arriba. La pantalla del ordenador me deslumbra mientras vomito estas cutres palabras, cuyo fin no es otro que el de dejar atrás una última entrada que podía significar perfectamente la muerte de esta web.

Pero no. Me niego a que mi pequeña creación termine así. Aunque sea a base de desempolvar mi habilidad, más que oxidada, de escribir mis pensamientos sin sentido. Aunque pueda significar que sólo escribo bien cuando estoy atormentada. Ojalá no sea así, y más adelante descubra que de las emociones positivas también salen textos hermosos. 

Permanezcan atentos.

viernes, 27 de diciembre de 2024

Por qué no quise verte

 

Quizás, aunque el tiempo haya cubierto de una capa arenosa los detalles, persiga en tu corazón cierta incomodidad, cierto vestigio de lo que pasó hace años.

Quizás no le dieras la mejor clausura, y sea algo que te produzca cierto escozor, leve, casi imperceptible, cuando miras hacia dentro.

Solo en ese caso, este mensaje va para ti.

Hace varias semanas te reconocí, a apenas unos metros. Te reconocí de inmediato, aunque no tenga una imagen nítida. Sin apenas enfocar, sabía que eras tú. Desconozco el porqué, prefiero no saberlo, ya que me inundaría una rabia capaz de arrasar con la costa construida con los años.

Te reconocí, y recé a quien me escuchara porque tú no me reconocieras. Y con la misma energía que me hizo verte, algo me hace pensar que me viste a mí.

Me gustaría pensar que todo es casualidad, y que la vida te ha llevado a una zona donde yo estuve y estaré toda la vida, por unos motivos u otros. Me gustaría pensar que no tiene nada que ver conmigo, y que los años te han hecho cerrar ese capítulo, ese libro y esa saga. Me gustaría pensar que no crees que pueda ser un escenario real el que yo te encuentre y estalle en cólera, porque significaría que lo superé de la mejor manera posible.

Mucho me temo que así no fue.

Porque sigo sintiendo odio.

Y no me parece justo conmigo misma.

Anoche recordé la sensación de absoluta soledad en el mundo que experimenté aquella noche tras grabarse tus palabras en mi cabeza, y reproducirse una y otra vez. La sensación de romperme por dentro y ser incapaz de recoger los millones de trozos en los que me había disperso en apenas unos segundos. La desesperación que sentí cuando pensé que nunca iba a sentir un abrazo como el tuyo por la espalda, sentir que me envolvían y me cubrían con un cálido manto que me protegiera del mundo para siempre, en un tipo de conexión pura y perfecta. El dolor que me convertía en un espeso líquido que se derramaba, formando un charco en el suelo. Y lloré, porque lo recordé de la forma más nítida que pueda tener de cualquier otro de mis recuerdos felices en mi vida.

Qué curioso es que nuestro cerebro grabe a fuego en un material indestructible nuestros peores recuerdos, y que otros detalles tan bellos se difuminen con el tiempo con rabiosa facilidad.

Hay heridas que curan tan mal, que sientes su dolor aunque ya no haya motivos físicos para experimentarlo. Heridas que te marcan para siempre, aunque no lo quieras y pases meses e incluso años sin pensar en ello.

Mirando atrás, pienso que fue lo mejor, ya que me ha hecho ser quien soy ahora. Una persona más fuerte, independiente, profunda y con tantas facetas y habitaciones que harán imposible destruirme como ocurrió aquella trágica noche de invierno. He conocido a gente maravillosa desde entonces, que me han hecho crecer y forjar mi propia personalidad, compleja y social, siempre cambiante, siempre aprendiendo de los demás. He apreciado aspectos que tenía relegados en un cajón, que hacen que la vida sea maravillosa y me hagan mirar hacia atrás con cierta pena por no haberme dado cuenta antes. Sin lugar a dudas, no soy la misma.

Pero eso no quita que no sea capaz de verte, ni de hablarte, mucho menos intentar aparentar normalidad cerca de ti.

domingo, 31 de mayo de 2020

Feeling Weird


Siento un nudo en el estómago que hace bastante tiempo que no sentía.

Como cuando estás a punto de entrar a hacer un examen y sientes que tienes exactamente las mismas probabilidades de hacerlo bien y hacerlo mal.

Me siento como el gato de Schrödinger, vivo y muerto a la vez.

Siento que no tengo el control sobre ninguno de los escenarios que se plantean,

Y me mata.

No puedo decir que esté ocurriendo otra vez lo mismo, pero hay ciertos elementos en común.

Una fuerte sensación de náusea, de querer bajarme de la atracción y pisar suelo firme otra vez.

Pero se ve tan lejano el suelo, tanto por construir, que me vienen las lágrimas a los ojos con tan sólo pensarlo.

Jamás había echado tanto de menos la estabilidad y la monotonía, el saber que tengo ciertas constantes y que ya puede caer un meteorito encima para que cambien.

O que se desate una pandemia.

Quiero volver a sentirme viva, de verdad.

Sentir la alegría desbordarse por mi sonrisa.

Y creo que puedo conseguirlo, que lo tengo cerca, y a la vez lejos.

Otra vez me veo en la maldita caja.

El tiempo se ralentiza hasta el hastío, los segundos caen como gotas de un líquido muy espeso que no termina de fluir, hasta el punto de parecer que se recogen y vuelven al estado original.

Miro el reloj, y tan sólo han pasado 10 minutos de las 3 de la mañana.

Las 4.

Las 5.

Y por fin empieza a salir el sol. Suspiro con alivio hasta nuevo aviso.

Hasta que vuelva a caer la noche y mis demonios se tumben conmigo.

Hold it together, come on.

Lucha.

domingo, 12 de abril de 2020

Abrázalo

Me he dado cuenta de que no me gusta saber cuando estoy en medio de una crisis.

El instante en el que lo estoy viviendo, no me gusta recrearme en ese sentimiento. Prefiero el optimismo, no tanto la pura negación (aunque no negaré que me parezca una opción atractiva, especialmente al principio), sino aferrarme a aquellos aspectos que, de alguna manera, hagan esta situación menos lesiva, o más transitoria.

La cuarentena, no es una de esas situaciones que faciliten la negación o el eufemismo hiperbólico. No porque no quiera, sino por la avalancha de información que no sólo te calla de un guantazo, sino que te tira hacia atrás del impacto.

Es difícil permanecer optimista, e incluso recomiendan no escudarse, sino abrazar todos esos sentimientos.

Estoy tirada en el suelo de mi habitación, o tumbada en mi cama, y me pesa mucho el cuerpo. No puedo ni quiero levantarme, vivir el mismo día, salvo que cada vez más oscuro, teñido por un velo asfixiante que complica las horas más y más.

Así que ha terminado apareciendo, brotando por las fibras de mi alfombra, abrazándome entre mis sollozos. Y me he dejado llevar.

Me duele mucho el pecho, otra vez siento una fuerte losa asfixiarme. Por favor, otra vez no.

Ven, efectivamente esto es una mierda.

Pégate a mi piel, clávame tus uñas y corta por dentro mis venas. Conviérteme en una puta tempestad y rompe el timón de mi barco. A ver cuánto dura esta vez.

sábado, 11 de abril de 2020

Level of Concern

¿Alguna vez te has dado cuenta de que llevas mucho tiempo intentando subir una torre cuya base construiste mal?

Tampoco es un momento en el que pones los ladrillos a conciencia, porque en el fondo, siempre, un porcentaje saludable de tu mente alberga la posibilidad de que tengas que quitar esos ladrillos porque las cosas no terminen de salir bien.

Y es así como, con la tontería, los meses vuelan y por pura inercia tienes varias filas formadas, sin pararte a pesar en cómo mezclaste el cemento, o por qué pusiste un ladrillo en vez de otro en determinado momento.

Un día estás arriba, sin ser muy consciente de todo el proceso, y al mirar hacia abajo, te entra un vértigo que acojona.

Vaya que si acojona.

Porque ves temblando alguno de esos ladrillos valientes, ignorantes y desenfadados.

Es posible que fueras consciente de que no era la mejor opción, pero quién cojones está para elegir dentro de lo que cada uno tiene como posible en ese instante.

Ni tenemos toda la información, ni estaremos en lo correcto en todo lo que pensamos que está a nuestro alcance.

Vaya jueguecito, eh.

Me estoy empezando a preocupar, porque no sé bajar de aquí.

viernes, 10 de abril de 2020

Noche de dos cubatas y miseria en cuarentena

Me pesan los pensamientos.

La cabeza me da vueltas. Los dedos se me antojan perezosos, torpes, inútiles.

Nada termina de salir como deseo.

Contemplo mi imagen devuelta por la cámara, mirando incómoda hacia otro lado, viendo cómo, a pesar de la fuerte falta de definición de la imagen, se forma una lágrima hasta caer presa de la gravedad sin ser ayudada por un parpadeo.

Como si la pena se desbordara por el lagrimal.

Me veo desde fuera, mirando a una pantalla que me da malas noticias. Pienso en el resto del mundo que se aferra a información formada por píxeles. El mundo se me cae encima.

Nada tiene sentido.

Podría ser un puto pervertido detrás de este cristal, contándote las Mil y Una Noches.

Y, sin embargo, solo soy una chica tejiendo su propio abismo con el que arroparse.

Odio depender de mi estado de ánimo.

Odio ver la mierda cabalgar hacia mi ventana, saber que esta noche no voy a dormir bien.

Prefiero vivir en la ignorancia hasta que lleguen las alas negras.

Prefiero eso, a vivir el presente y el futuro a la vez.

Qué puta mierda de paralelismo.

jueves, 9 de abril de 2020

Cantando en la oscuridad

Últimamente cierro los ojos y entro en lapsos temporales.

Me imagino en otro tiempo, en otro lugar. Y respiro profundamente, trasladando mi mente a aquel ente corpóreo que ocupé alguna vez.

Cuando podía traspasar las fronteras imaginarias que nos hemos dibujado, y obedecía a mis deseos de libertad.

Esta noche es muy fría, la lluvia golpea la ventana a principios de Abril, y no parece querer irse. Se puede sentir la humedad en el aire.

Me pongo las botas, ajusto mi abrigo y me cubro con la capucha, para salir por la puerta mirando al suelo, pisando los charcos sin remordimientos.

Sueño despierta con recorrer las calles y adentrarme en paraísos desconocidos con los que grabar nuevos recuerdos que engrosarán mi biblioteca de borrachera nostálgica.

Y sin embargo, estoy aquí, haciendo uso de esos libros embriagadores. Nunca está de más releer algún clásico para recordar la importancia que cobran en el salón.

Qué buenos recuerdos que tenía escondidos, sin duda hay algunos que mejoran con los años, cuando sólo quedan las partes dulces y lo agrio se pierde en la vejez.

Hace tan poco tiempo que decía no tener tiempo para nada, que parecen años los que me diferencian de la masa de nervios que andaba por Madrid. Han sido años de los que no tengo apenas recuerdos memorables grabados, pasando como una etapa anónima en mi vida, un periodo sin pena ni gloria, de absoluta indiferencia significativa.

Ahora mis pies están suaves y blanditos tras haber dejado los tacones en el armario.

Qué raro es volver a mi niñez. Qué raro es que tengas días y días sin propósitos definidos, sin planes establecidos con tanta anterioridad que raya la obsesión.

Qué raro es no saber qué día de la semana es, hasta que te paras a consultarlo.

Qué raro es volver a esa etapa en la que los días pasaban despacio, de la importancia que le dabas al tiempo sin siquiera saberlo.

Esto da que pensar.