Detrás de todo este rollo existencialista, hay veces que
pienso lo que nos depara el tiempo. Destino… fe de los ignorantes. Simplemente no
creo algo tan sencillo, algo tan resumible en una frase. Será lo que te depare el destino. A la mierda la ignorancia. Hoy alzo
mis brazos ante el eterno interrogante que conforma mi vida.
Del mismo modo que puedo llegar a ser un monstruo, el mundo
me ofrece la capacidad de ser lo contrario. Miles de tomos se han escrito ya
acerca de las dos mismas facetas, la que te hace la vida más fácil y la que te
explica lo contrario. Si bien no somos ni una millonésima parte de lo que
nuestro cuerpo nos ofrece ser, nos obcecamos en absurdos conceptos de la mano
del hombre. Creamos las máquinas que nos vigilan y construimos la sociedad que
nos limita. Porque hay videojuegos en los que se me presentan tantos caminos
que me agobia pensar que no los puedo recorrer todos, y me quedo al inicio. No se
puede decidir todo de una vez para continuar el resto de nuestras vidas con esa
determinación, si realmente quieres
vivirlo todo. Siempre quedará vestigio de lo que fuiste ayer, lo que viviste
hace años. Nunca será igual que ayer.
Tal vez mejor, o peor. Ese es el interrogante al que me
ofrezco. Somos un conjunto de circunstancias que se entremezclan maliciosamente
ante la perspectiva de la ignorancia de las víctimas, los cócteles cuyas
experimentaciones hacen colores completamente diferentes en su esencia. Nunca se
podrá repetir algo igual que antes, y nos torturamos con la idea de poder
controlar la aleatoriedad con la estadística. A veces me pregunto si la gente
que lo hace no se cae de rodillas y piensa qué coño ha hecho con su vida sino
buscarle en sentido a lo que no podremos nunca averiguar. Esa clase de personas
hacen que se mueva el mundo.
Porque no estamos determinados, ni lo queremos estar, aprendemos. Más allá de lo dado, cada día descubrimos nuevos ámbitos de actuación. A pesar de nuestros errores, vigentes en muchísimas e incontables facetas de nuestra sociedad, un pequeño sector se reserva a los éxitos más que improbables, más que milagrosos. No es cosa del destino, es cosa de quien aquel día se levantó con esa esperanza, fruto de su estudio y dedicación. No es cosa de Dios, ni de las fuerzas mayores que inventamos aferrados a esperanzas banales para no enloquecer de pura insuficiencia. Es cosa de nuestras manos, nuestros latidos contados que un día quisieron cambiar el mundo. Los brazos que se alzan contra las injusticias, los científicos que se dejan la vida en salvar las de otros. Aquellos que sembraron la discordia y la guerra resultan mezclas maquiavélicas y quién sabe si voluntarias de algunos seres humanos. No nacemos ni buenos, ni malos. Somos un lienzo blanco al que se le apegan millones de situaciones circunstanciales, y nunca, nunca podremos hacer dos cuadros iguales ante idénticas situaciones. La mente de cada uno de los seres vivientes en esta Tierra es tan maravillosa como intrigante, y en esta sociedad tendemos a dar reconocimiento de manera superflua. Nunca llegaremos a saber lo que nos perdimos en la historia con tantas guerras y conflictos. Si pudo haber nacido un nuevo arte, e incluso perder el que tenemos. Porque todas aquellas personas que cambiaron el mundo lo hicieron en un conjunto de circunstancias que de otra manera no podría suceder. La vida está sometida a tanta aleatoriedad que en cualquier momento te puedes encontrar con tu auténtico yo, o simplemente tirarlo por la borda en una vida demarcada por conceptos materialistas, por situaciones completamente prescindibles, absurdas y tópicas. Tan sólo unos pocos afortunados son los que de verdad se vayan de esta existencia sabiendo que hicieron algo bueno por este mundo. Y el resto, a jodernos con hipotecas y peleándonos con nuestros hermanos por el testamento de nuestro padre muerto. Son cosas que simplemente se anteponen a conceptos más básicos de la vida, como quedarte pasmado con los ojos cerrados disfrutando de un soleado –y glacial- día de febrero con los pies descalzos en el césped. Son cosas que, por definición, caen en el absurdo.
O.O No sé ni qué decir..
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